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Tus ganas de vivir me horrorizan

Tus Ganas de Vivir Me Horrorizan

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Acerca de este artículo
Descripción

Hace más de veinte años, el Dr. Don Fiene (autor del R. Crumb Checklist) concibió un ambicioso proyecto: una recopilación en varios volúmenes de material relacionado con Robert Crumb, incluyendo entrevistas, artículos, fotografías, introducciones, correspondencia variada, etc.

Durante años, los fardos de material que Fiene había recogido fueron pasando de editor a editor en la editorial Fantagraphics, incapaces de reducir el monstruo a un tamaño publicable. Después de que el proyecto languideciera, Fantagraphics decidió rescatar la pieza central del inmanejable tesoro de Fiene: esta recopilación de 50 cartas, escritas por Robert Crumb a sus amigos del mundillo del cómic, Marty Pahls y Mike Britt, entre 1958 y 1977. Estas cartas abarcan los años en que el callado marginado del instituto emergió al estrellato como el más afamado y controvertido dibujante de cómics contracultural de Estados Unidos.

Robert Crumb es el dibujante autobiográfico por excelencia y que más ha mostrado de sí mismo, por lo que es quizá sorprendente hasta qué punto estas cartas iluminan su vida, en especial su temprano desarrollo artístico e intelectual. La mayoría de las cartas abarca un periodo de cinco años desde 1958 hasta 1964, con sólo un puñado de cartas entre el 64 y el 77. La mayoría, por tanto, registra sus pensamientos e inquietudes desde los 16 hasta los 21 años, sin duda los años más inestables, confusos y formativos de la vida de un joven, y aún más para un artista tan ambicioso como ya entonces era Crumb.

Se incluyen dibujos inéditos, anotaciones varias y un texto de Pepo Pérez que complementan perfectamente la obra.

Un libro imprescindible para los fanáticos del trabajo de Crumb pero también para los amantes de la música, por la ingente cantidad de información que proporcionan sobre el estilo de música que le gusta al autor y su afición por el coleccionismo de discos de 78 rpm.

DE TEBEO
Reseña de Juan Manuel Diaz de Guereñu

Cartas del chaval que dibuja

Por una vez, y contra lo acostumbrado en esta sección, hablaré de un libro que no es un cómic. O no del todo. Robert Crumb justifica esta excepción y casi cualquier otra. Tus ganas de vivir me horrorizan. Correspondencia (1958-1977) (Dolmen) reúne cincuenta cartas suyas. Las escribió casi todas desde la casa familiar y luego desde Cleveland, adonde fue a buscarse la vida como dibujante, entre sus 16 y 21 años, de 1958 a 1964; sólo las últimas siete están datadas a partir de 1968, cuando marchó a San Francisco para vivir el verano del amor. Las escribió a dos amigos: Mike Britt, que había sido compañero de clase, y Marty Pahls, a quien conoció por carta y a causa de un fanzine que Crumb publicó con su hermano Charles. Le unía a ambos una afición compartida: los cómics, a los que se añadiría al poco la música.

Las escribe, pues, un muchacho que intercambia informaciones y comentarios acerca de la materia que le apasiona y que, al paso de los años, llega a ser el dibujante que cambia la historia del medio, al adoptar una actitud completamente inesperada entonces, la del autor con un mundo propio de preocupaciones e intereses, definir unas pautas de expresión consecuentes con ella y, sorprendentemente, conseguir éxito y fama inmediatos. Las últimas cartas las escribe el Crumb que vende decenas de miles de ejemplares de sus singulares creaciones y que ha descubierto, por culpa del fisco, los problemas del éxito. Todo un recorrido profesional y vital.

Las cartas de Crumb son formalmente fascinantes: muy largas, por lo general escritas a mano y en mayúsculas, como se rotula tradicionalmente el texto en un cómic, adornadas de numerosos dibujos y hasta encuadernadas como un tebeíllo, con su portada y todo. Este libro no es un cómic del todo, pero lo es también. La edición incluye la reproducción de los dibujos y el facsímil de varias de las misivas, una de ellas dibujada en una secuencia de viñetas, como una historieta.

El contenido es también digno de una lectura atenta. Crumb habla de cómics como lector, coleccionista compulsivo, autor y editor de fanzines. Los comenta y valora con criterio a menudo marcadamente personal. Sus preferencias van al viejo material de Disney y a la revista Mad. Busca historias de Carl Barks (de quien primero desconoce hasta el nombre, pero al que distingue por su estilo como “el artista bueno de Donald”), de Walt Kelly, de Harvey Kurtzman. Tiene, en definitiva, su particular panteón de grandes autores, y desdeña los gustos que se van imponiendo entre los lectores de cómics del momento. Lo mismo con la música. Ya con diecisiete años prefiere los viejos discos de 78 revoluciones, “desde ragtime de primeros de siglo a orquestas de los primeros años treinta”. Al poco dejará ver su desprecio por la música popular y el rock. Crumb exige sencillez y autenticidad. Odia el recurso generalizado a las recetas del éxito, los tópicos facilones, la comercialidad falsa.

Como es natural, también escribe sobre su vida y sus inquietudes: las clases, las peleas familiares, ideas y creencias. Crumb se analiza y concluye que dibuja para compensar su inadaptación social. La frase que da título al libro expresa su sensación de fracaso al relacionarse con la normalidad, que sin embargo no rehúye. Una de sus preocupaciones fundamentales de adolescente apasionado es cómo seguir su vocación y ganarse la vida con ella. Sabe lo difícil que es formarse y luego conseguir trabajo como dibujante. Se interroga acerca de los caminos que pueda tener abiertos y los explora. Las cartas de Tus ganas de vivir me horrorizan son un apasionante autorretrato del artista que aún no lo es, pero que está tan decidido a serlo que apenas duda acerca de su destino, y nos muestran también las consecuencias penosas de haber realizado su sueño.

“Tus ganas de vivir me horrorizan”

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