SITGES 2010: Vini, vidi, vinci
13 octubre, 2010 | 1 Comentarios

La sala estaba a reventar y el ambiente fue realmente bueno. Una pena que no tuvieran más que una hora para poder explayarse ya que el evento hubiera dado como para un par de horas más. Habrá que repetir en breve en algún otro punto de la geografía española. Destacar que el acto contó con la presencia entre el público del gran Alejandro Colucci, el portadista oficial de la Línea Zombie de Dolmen, quien se llevó la ovación del público a instancias de los propios autores.

A continuación, para intentar dejar reflejado el ambiente vivido ese sábado Z, os dejaremos con la crónica llevada a cabo por Juan de Dios, uno de los autores de la línea participantes en el evento.

Y pese a todo… regresé a Valencia

Voy a contaros las aventuras y desventuras de un escritor de terror que viaja a Barcelona y Sitges para presentar y firmar novelas de zombis. Es una curiosa historia en la que narraré cómo me fui en zapatillas del número 43 y volví en zapatos del número 45.

Haré una crónica muy detallada y moderada. Para empezar esta historia diré que me cago en Renfe, pero bueno, ya sabréis por qué.

Mierda, dije que iba a ser moderado.

En fin, esta historia comienza con el despertador sonando a las cinco de la mañana de un sábado. En esos momentos se me ocurrió de todo menos levantarme… pero tenía que hacer un esfuerzo, mi tren salía a las seis de la madrugada y no podía dejar tirados a mis cientos de fans.

Bueno, un amigo, Rolando, me hizo el favor de llevarme a la estación. Nos perdimos. Llegué cinco minutos antes de que saliera mi tren. Me senté en un confortable asiento de clase preferente, hasta que alguien tocó en mi hombro: El revisor.

-Perdone, creo que se ha confundido de asiento.
-Imposible -contesto-. Estoy en el 6-A del coche 122.
-No, está en el asiento 6-A del coche 121. El suyo es el siguiente, le acompaño.

Bien. Cuando llegamos a mi asiento en él se encontraba una señorita de color de pechos exuberantes, y con el escote tan apretado que pensé que le saltaría un botón y dejaría ciego a alguien. Se me vino a la cabeza esto: ‘Sonnnn tus pechos cántaros de miel…’

-Señorita, buenas, este no es su asiento, es el de este caballero.

Busqué al caballero pero se refería a mí.

-Es que mi asiento va en dirección contraria a la marcha del tren y no me gusta.

-Ya, señorita, pero es que tiene usted que volver a su asiento.

La señorita de color, que embriagó a todo el tren con su colonia, se cambió de asiento de muy mala gana.

Empezaba mi viaje.

Abrí el libro “Penitencia” de J.E. Álamo y comencé a leer. Me di cuenta de que no podía concentrarme. El viaje se me hizo eterno, pero no fue nada comparado con el de vuelta. Ya veréis, ya.

En fin, llegué a Barcelona Sans y allí me esperaban Sergi Llaguer y Carlos Sisí. Sergi es el hombre más guapo del mundo, en serio, hizo tambalearse los cimientos de mi heterosexualidad. Además de eso, es una bellísima persona, y Carlos, qué decir de Carlos, otra magnífica persona, un tipo muy inteligente y profundo, aunque no tan guapo.

Me hizo reconfortarme, al menos no iba a ser yo solo el feo del grupo.

Después de unos efusivos abrazos y las fotos de rigor fuimos a visitar la Fnac. Allí, entramos, ni más ni menos, con la intención de ver si tenían nuestros libros. Las dependientas, muy amables y guapas, se libraron de sufrir coacción, ya que los tenían muy bien situados y a la vista.

Casi que era la hora de la presentación así que pusimos pies en polvorosa porque había un paseo. Casi a punto de llegar, un mendigo bohemio nos asaltó… sigo contando…

El mendigo resultó ser Házael G. otro de los autores de la línea Z. Un hombre tremendamente inteligente y friki, te deja embobado con su conversación. Además es un magnífico periodista y director de orquesta.

Ya juntos los cuatro, entramos en la librería. Para nuestra sorpresa, ya que aunque llegamos quince minutos antes, aquello estaba lleno de gente. Rulamos un poco por allí hasta que llegó Sandro, uno de los mandamases de Dolmen, por lo tanto, el enemigo. Como es un tipo cachondo y nos invitó a cerveza, pronto se ganó nuestro afecto. Tomando la cerveza también conocimos a Merche, del foro de SomosLeyenda y a una amiga, de cuyo nombre no me acuerdo y que me perdone.

Total, las doce. Entramos de nuevo a la librería y para nuestra sorpresa la gente seguía allí. La verdad es que estábamos como flanes. Poco a poco nos fuimos acercando a la mesa, tímidos, cabizbajos… somos gente rara. Segundos después la gente se abalanzó sobre nosotros, querían nuestras firmas, nuestra ropa, nuestro ser, aquello se convirtió en una vorágine orgiástica de cuidado… bueno, en realidad comenzamos a firmar libros. Durante una hora intensa no paramos, Carlos sobre todo, qué manera de vender libros, por Dios. Eso sí, sufrió mi envidia porque le dejábamos fuera de las fotos. En serio, este hombre mueve masas, queríamos pegarles. Pero para qué quejarnos, Házael, Sergi y yo tampoco paramos mucho y conocimos a gente maravillosa. No firmé ningún pecho, pero no me hizo falta para ser feliz.

También, a nosotros, se unió la familia Colucci. Fue todo un honor conocer en persona a tal genio, pero lo fue más conocer a su familia entera. Alejandro tiene una mujer maravillosa, preciosa, y unos hijos tan genios como el padre. Van con una libreta de dibujo siempre encima y compiten en talento con Alejandro.

Después de acabar la sesión de firmas comenzamos la odisea de encontrar un lugar donde comer. Se nos unieron el dueño de la librería y un paisano mío y escritor, el cachondo Alberto Bermúdez, autor de Zoombi y que ha sido padre recientemente, felicidades.

Después dar tumbos durante casi otra hora entramos a comer en un sitio donde cobraban un suplemento de dos euros si te querías comer dos segundos platos del menú en lugar de un primero y un segundo. Como no pagaba yo sino Dolmen, pedí los dos segundos gustosamente con el suplemento, ¡ja!

[Nota del editor: Señor Juande, los dos euros se le descontarán de la próxima liquidación de ventas]

Comenzaron entonces todos una conversación tan friki que yo no me enteraba de nada. Menos mal que tenía al bueno de Carlos delante, que se entretuvo más en hablar conmigo y con Alberto Bermúdez de temas más terrenales.

Como sigo teniendo envidia de Carlos haré algo para joderle un poco el día: Desi, tu marido se hinchó de comer cosa mala… decía que se iba a aprovechar de que no lo veías, ¡Ja!

Comenzaba a hacerse tarde así que nos fuimos marchando del local y cogiendo los coches para dirigirnos a Sitges. Yo iba con Sergi y Carlos en el Bmw de Sergi, al que le supliqué que el próximo coche fuese un 5 puertas porque no estoy muy canijo que digamos y Carlos me tenía relegado a la parte de atrás del coche. Por el camino hablamos de técnicas de escritura, de buenas novelas (también de las nuestras), de nuestro futuro como bailarines de claqué, en fin, de todo.

Al llegar a Sitges aparcamos y buscamos a Sandro, Házael y la familia Colucci, mientras Sergi nos contaba una anécdota muy graciosa en las que intervenían un gay, él, y una botella de plástico un tanto gamberrilla que se empecinaba en encontrar su orificio anal a través de unos vaqueros.

[Nota editorial: Rogamos perdonen los posibles comentarios soeces del Señor Juande, no puede evitarlos. Obviamente, no nos hacemos responsables de los mismos y han sido publicados aquí simplemente como condición impuesta por el autor para poder publicarle su siguiente libro]

En fin, de nuevo reunidos todos, nos fuimos en busca y captura de la saga Brigadoom, donde presentábamos nuestras novelas. Aquello estaba hasta la bola de gente, cientos y cientos de personas recorrían las calles, personas disfrazadas de zombis y zombis disfrazados de personas. Después de perdernos un poco dimos con la sala. Como entraba tanta y tanta gente pensé que no era allí donde presentábamos, pero de nuevo me volví a equivocar y fue cuando de verdad me entró el cague. La sala se llenó a rebosar, ahí sí que había cientos de personas… además de dos micrófonos… comencé a temblar, a sudar y a peerme (sí, era yo, joderos).

Tomamos asientos, se hizo el silencio y Házael, ducho en estos oficios de presentar eventos, tomó la batuta y nos fue presentando uno a uno a todos. Después fue charlando con los tres para que hablásemos de nuestras novelas.

El primero fue Carlos Sisí, un hombre con el que comparto el odio a hablar en público. Eso sí, si le tiras de la lengua habla, no como yo. Nos explicó todos sobre sus dos novelas, le hicieron preguntas desde el público, etc.

[Nota del editor: Queda manifiesta en esta crónica la obvia dificultad del Señor Juande para hablar en público]

Pasamos a Sergi Llauger, el hombre más guapo del mundo (no sé si lo he dicho), que se desenvolvía con tal soltura que deseé que le cayese un foco en lo alto. Nos habló de su novela y nos encandiló con sus palabras. Incluso tuvo tiempo de hablar bien de mí.

Después llegó mi momento. Házael me preguntaba y yo sólo decía estupideces, creo que la gente se rió o de lo que decía o de mí, me da igual. Cuando preguntaron los chicos del documental “Mom, I´m a Zombi” si venderíamos nuestros derechos para una adaptación televisiva todos dijeron que sí, pero que era complicado, etc… yo agarré el micrófono y dije que vendía mis derechos por dos cervezas (luego los de Mom, I,m a zombie me ofrecieron cuatro, esa gente entiende de negocios…).

Por último Házael habló sobre su novela, habló mucho, yo me entretuve en lamer el micrófono que tenía en la mano. Bueno, ya en serio, la verdad es que este hombre escribe muy bien y tiene una capacidad de inventiva sorprendente. Además, una persona que sabe a lo que se arriesga escribiendo una versión Z del Quijote tiene todos mis respetos.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando Házael tuvo unas amables palabras hacia Alejandro Colucci y toda la sala aplaudió. No me cansaré de decirlo, un hombre así merece muchos más aplausos y debido a su trabajo quizá no los recibe con frecuencia.

En fin, se sortearon unos ejemplares y llegó el tiempo de firmas. Ahí conocí a David y a la horda de amigos que Mónica Mateo me había mandado. Una gente muy simpática y que se ganó un hueco en mi nulo corazoncito. También tuve el gusto de conocer a Albert Sanz de SomosLeyenda y a su chica. Una pareja encantadora con la que hablé bastante rato. Vienen de visita a Valencia pronto y espero poder quedar con ellos y con mi mujer para tomarnos algo.

Media hora después estábamos ya en la calle. Ya había muchos más zombis, incluso cabezudos zombis, gente devorándose unos a otros, fornicando en las aceras, en la playa, en fin, qué bacanal. Pero, ¡Oh, no! Los chicos de Mom I´m a zombie quieren grabarnos para su documental. Me echo a temblar cuando me toca, me hago la picha un lío con el micrófono este que se mete por la camisa, le digo al productor que yo no soy de hablar mucho… cuando paso el mal trago, menos de un minuto después de comenzar, el productor me dice: Tienes razón, no hablas mucho… xD.

Vamos todos juntos, la familia Colucci, Albert y su novia (perdóname, los nombres…), Sandro, Házael, Carlos y yo, a tomar algo a un pub. Nos sentamos alrededor de una mesa y Alejandro Colucci nos habla más sobre su trabajo. Impresionante. Sus dos hijos mientras tanto sacan los blocs y comienzan a dibujar.

La hija de Colucci no hacía más que mirarme y dibujar, así que supuse que estaba haciéndome un retrato. Estaba maravillado… hasta que su hermano dijo:

-¡Ehh! ¡Estás dibujando y un monstruo! ¡Tú nunca dibujas monstruos el que los dibuja soy yo!

Al final no vi el dibujo, pero supongo que debía parecerse mucho a mí.

Continuará…

Comentarios1
Javier Posted 15 octubre, 2010 at8:26  

Hola, ¿se sabe ya cuándo saldrán los relatos ganadores de la próxima antología Z.?
No hay noticias nuevas por ningún sitio.
Gracias y saludos,
J.

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