Y el rebote que me he llevado ha sido mayúsculo.
La traición es una de las pocas cosas (si no la única) que me saca por completo de mis casillas, que me ofusca y hace que ponga mis sentimientos por encima del interés general de la empresa.
No importa que lo intente, me sube la rabia y no puedo evitar decir lo que pienso.
De modo que mejor lo dejamos ahí hasta mañana.