Hace dos años, viernes 31 mayo 2024
Aunque es cierto que son más las editoriales que han desaparecido por el camino que las que siguen activas hoy en día, y que algo habremos hecho bien para continuar aquí más de treinta años después, el panorama general no es sencillo.
Hablas con libreros, distribuidores y profesionales del sector, y quienes son sinceros suelen coincidir en lo mismo: vivimos tiempos de cambio constante. La situación económica, los nuevos hábitos de consumo y la velocidad a la que evoluciona todo obligan a adaptarse de forma permanente. También están quienes aseguran que todo va de maravilla, aunque uno aprende con los años a relativizar ciertos discursos, y saber cuándo están exagerando por puro ego.
Por mi parte, cada vez tengo más claro que sacar adelante una editorial durante tres décadas requiere muchas habilidades distintas. Algunas las he ido desarrollando con el tiempo; otras siguen siendo un reto. Una de ellas es la gestión de equipos. El mundo editorial, y especialmente el del cómic, tiene sus particularidades, y no siempre resulta sencillo transmitir prioridades, objetivos o formas de trabajar.
Eso me lleva a reflexionar sobre la importancia de ofrecer una dirección clara a las personas que forman parte del proyecto. La voluntad, el talento y las ganas suelen estar ahí; lo difícil es crear las condiciones adecuadas para que cada uno pueda desarrollar todo su potencial. Probablemente sea uno de los mayores desafíos a los que me enfrento actualmente, y espero llegar a tiempo para poder transmitírselo a la persona de comunicación actual, porque es perfectamente válida pero que se encuentra algo perdida en el caos de tener que tratar con mil diferente. Supongo que no soy capaz de darle unos parámetros claros y tiro de libre albedrío; le pone voluntad, pero se va insatisfecha cada día, con la sensación de no llegar a nada.
También hay motivos para el optimismo. Rafa, que comenzó ocupándose principalmente de los envíos, ha ido asumiendo nuevas responsabilidades y demostrando una gran capacidad de aprendizaje en áreas tan diversas como la facturación, los contratos o las subvenciones. Ver crecer profesionalmente a las personas del equipo es una de las satisfacciones menos visibles, pero más importantes, de este trabajo.
Por mi parte, he podido retomar la planificación y el calendario editorial. Durante los últimos meses había dedicado más atención a otras cuestiones urgentes, como el libro de la boda de Esther, pero resulta evidente que cualquier proyecto necesita una hoja de ruta clara para funcionar de forma eficiente.
Nos esperan meses intensos, eso está claro. Sin embargo, seguimos contando con dos grandes fortalezas: un fondo editorial construido durante décadas y la posibilidad de desarrollar nuevas iniciativas y proyectos que nos permitan seguir creciendo. Como siempre, afrontaremos esta etapa con trabajo, constancia y la ilusión de quien sigue creyendo en los libros después de tantos años.
Y también ha habido tiempo para algunas buenas noticias. He podido hablar con Darío y lo he encontrado más animado. Después de tantos años compartiendo esta aventura editorial, no puedo evitar alegrarme especialmente por ello.
